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Cambio de Mirada

Cambio de Mirada

CAMBIO DE MIRADA

escrito el 25 de junio de 2011 por en General

“La fortuna juega en favor de una mente preparada” – Louis Pasteur

 


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Ciencia y Tecnología

escrito el 22 de noviembre de 2011 por en U.4 Ciencia y Tecnología

Ciencia y Tecnología

El ser humano es curioso y la ciencia le ayuda a entender su entorno. Además, la ciencia tiene a la tecnología, es decir, la aplicación del conocimiento científico para nuestro bien ser, bien estar y prosperidad: ejemplo uso de la medicina, equipos de alta tecnología,uso del teléfono móvil, internet.

Es menester darse cuenta que si fuese por el creador del papel, tinta, o las máquinas que los fabrican, o sin electricidad para la computadora o los paneles solares, o las pilas. ¿Está usted leyendo con lentes? ¡Otra utilización de la ciencia!

La tecnología otorga retornos infinitamente mayores a la inversión.

Es fundamental comprender que un descubrimiento científico no involucra necesariamente una aplicación, y estas últimas, en general, se alcanzan en años o décadas.

Ciencia y Tecnología – Calentamiento Global

Responde:

¿Qué estamos haciendo en Latinoamerica para evitar los desastres naturales?


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Resumen de “Epistemología, Mario Bunge”

escrito el 19 de septiembre de 2011 por en U.1 Antecedentes del Conocimiento Científico



En el prefacio, se declara un realista, cientificista, materialista y sistémico, que en el trascurrir del tiempo no ha cambiado este parecer.
Nos indica que en los últimos decenios se ha difundido la sociología anticientífica de la ciencia inspiradas en Kuhn y Fyerabend, y que esta concepción se opone al realismo científico, si esto fuera verdadero, negaría la posibilidad de la verdad objetiva y universal, entre otras cosas. La popularidad de esta concepción se debe a siete razones: 1) El marxismo, 2) el facilismo, 3) los “giros” lingüísticos, 4) la difusión de filosofías irracionalistas y del “pensamiento débil” (carente de rigor), 5) Confusión de ciencia con técnica, 6) Interés legítimo con la tríada ciencia – técnica – sociedad, y 7) desinterés por los tradicionales filósofos e historiadores de la ciencia por el contexto social de la investigación científica.
La epistemología, es decir la ciencia de las ciencias, contribuye en mayor o en menor grado en la elaboración de políticas de la ciencia. Es necesario a esta ciencia ensamblarla con las imágenes que suministran la historia, la psicología, la sociología y la politología de la ciencia. Con esto Bunge, nos quiere decir que ninguna ciencia está aislada, es un sistema.
Concepto: La epistemología, o filosofía de la ciencia, es la rama de la filosofía que estudia la investigación científica y su producto, el conocimiento científico.
Comenta que el Círculo de Viena no desapareció por el nazismo (este únicamente le dio el golpe de gracia), sino que fue descompuesta desde adentro, por la ideas de Wittgenstein, en su obsesión por los juegos lingüísticos. Un ejemplo de “epistemología artificial” es el probabilismo exagerado, que con fórmulas lógicas prueba que esto es errado.
Propone que la nueva epistemología deberá abordad los siguientes problemas: lógicos, semánticos, gnoseológicos, metodológicos, ontológicos, axiológicos, éticos y estéticos.
De esta forma la epistemología podrá realizar contribuciones a la ciencia.
El método científico deberá seguir los siguientes pasos:
Hipótesis o teorías àContrastables à Empíricamente à Directamente o Indirectamente
à Teóricamente
è No contrastables
Une hipótesis y teoría en esta parte, para más adelante diferenciarlas y aclararlas. Si una teoría no puede ser contrastada entonces no es científica: Científica à Contrastable.
Para que una teoría que no ha sido contrastada deberá ser compatible con el grueso del conocimiento científico: Científico à Contrastada & Compatible con el grueso del conocimiento.
Una investigación procede con el método científico si se ajusta a las siguientes etapas: 1) Descubrimiento del problema, 2) Planteo preciso del problema, 3) Búsqueda de conocimientos o instrumentos relevantes, 4) Tentativa de solución del problema, 5) Invención de nuevas ideas, 6) Obtención de una solución, 7) Investigación de las consecuencias de la solución, 8) Puesta a prueba (contrastación) de la solución, y 9) Corrección de la hipótesis, teoría o procedimiento o datos empleados en la solución incorrecta.
Luego da una guía para un posible epistemólogo, donde propone que éste, siga una carrera adicional, que deberá ser en una ciencia o tecnología determinada, sin descuidar las demás disciplinas científicas. Esto le obligará a estudiar matemáticas, que es el lenguaje de toda ciencia madura.
Opinión personal:
En definitiva, Mario Bunge escribe de una forma muy clara y directa. Propone una metodología para la búsqueda del conocimiento científico coherente la cual, en mi opinión, es concisa, aportando con nuevas ideas (ontológicos, axiológicos, éticos y estéticos). Para él es importante la productividad en el ser humano, ya que le da un valor primordial (“rodéese de gentes inteligentes y productivas”). En este punto me pregunto si realmente es un valor, o le hemos dado en esta época.
Por lo demás, puedo decir, que al leerle, en mi sentir, pasó a un segundo plano las ciencias sociales, como la política, el derecho, etc, percibiendo que tiene más importancia el conocimiento científico, el cual no es abstracto, sino directo, y en donde si se pueden encontrar verdades. Este nos une, no nos divide.
Realizado Por:
Alfredo Calderón Serrano
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LA CIENCIA. SU METODO Y SU FILOSOFIA

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Conocimiento Científico

escrito el 19 de septiembre de 2011 por en U.1 Antecedentes del Conocimiento Científico

El conocimiento científico es una aproximación crítica a la realidad apoyándose en el método científico que, fundamentalmente, trata de percibir y explicar desde lo esencial hasta lo más prosaico, el porqué de las cosas y su devenir, o al menos tiende a este fin.

Para la Real Academia Española, conocer es tener noción, por el ejercicio de las facultades, de la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas. Conocimiento es la acción y efecto de conocer; el sentido de cada una de las aptitudes que tiene el individuo de percibir, por medio de sus sentidos corporales, las impresiones de los objetos externos, conocimiento es todo aquello capaz de ser adquirido por una persona en el subconsciente.ífi

¿Que es el conocimiento científico?

El conocimiento cientifico sigue un proceso para su correcta creacion; es asi como la observacion de lo que nos rodea, la critica argumentativa de los hechos, la indagacion sobre lo que nos causa curiosidad son elementos esenciales para la creacion del mismo.

Es diferente del conocimiento empirico, del conocimiento cotidiano de las cosas. Su difencia principal, es que para llegar a el, se debe seguir un proceso organizado y los otros conocimientos aunque importantes no han seguido estos lineamientos.

Por ultimo todos los profesionales en potencia estan invitados a aportar mucho de sus investigaciones y experiencias. Tenemos la posibilidad y los recursos para dejar en la historia nuevos conocimientos, una  huella, hagamos historia… Si nuestros antepasados con menores fuentes de informacion y menos recursos tecnologicos han logrado grandes avances; ¿por qué nosotros con tantas posibilidades no lo hacemos? El enfoque con el que reflexionaremos será desde Mirada del Desarrollo Humano Sustentable.


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Necesidad de un Nuevo Paradigma

escrito el 18 de septiembre de 2011 por en U.1 Antecedentes del Conocimiento Científico

El período histórico que nos ha tocado vivir, en la segunda mitad del siglo XX, podría ser calificado con muy variados términos, todos, quizá, con gran dosis de verdad. Me permito designarlo con uno: el de incertidumbre, incertidumbre en las cosas fundamentales que afectan al ser humano. Y esto, precisa y paradójicamente, en un momento en que la explosión y el volumen de los conocimientos parecieran no tener límites.

Los caminos, en otros tiempos seguros, se han borrado, la autoridad de los maestros ha sido socavada, el sentido de las realidades se ha diluido y el mismo concepto de ciencia y de verdad es cuestionado. La duda, la perplejidad, la inseguridad y una incertidumbre general se han instaurado en toda mente profundamente reflexiva.

No solamente estamos ante una crisis de los fundamentos del conocimiento científico, sino también del filosófico, y, en general, ante una crisis de los fundamentos del pensamiento. Esta situación nos impone a todos un deber histórico ineludible, especialmente si hemos abrazado la noble profesión y misión de enseñar.

No podemos abordar la temática objeto de esta obra haciendo caso omiso del pensamiento de las grandes mentes que le han dedicado sus mejores esfuerzos. Más de un centenar de pensadores eminentes se enfrentaron, de una u otra forma, con estos arduos problemas, entre fines del siglo pasado y el momento presente. Su trabajo constituye un alto pedestal que nos permite contemplar un amplio panorama, descubrir líneas de confluencia y visualizar estructuras lógicas y significativas que le dan un nuevo orden y sentido, una nueva sistematización, a las realidades que constituyen o rodean nuestra vida. Muy probablemente, estemos ante una nueva teoría de la racionalidad científica.

El hombre adquiere el conocimiento de su mundo y de sí mismo a través de varias vías, cada una de las cuales se ha ido configurando, a lo largo de la historia, de acuerdo a las exigencias de la naturaleza y complejidad de su propio objeto. La filosofía, la ciencia, la historia, el arte, la teología y, sobre todo, el sentido común, son las principales expresiones del pensamiento humano y las vías de aproximación al conocimiento de la realidad.

En los últimos tiempos —desde 1790, cuando comenzó la edad de la razón—, la ciencia adquirió un cierto predominio, dado su nivel de adecuación con el mundo concreto, tangible y manipulable que ha constituido el mayor centro de interés del hombre en los siglos XIX y XX. Sin embargo, la ciencia no puede —debido a las limitaciones que le impone su propia naturaleza— estudiar y resolver muchos problemas de gran importancia para la vida humana, como tampoco puede verificar o justificar “científicamente” las bases o supuestos en que se apoya: una teoría científica no dispone de la capacidad reflexiva para autocriticarse en su naturaleza y fundamentos.

La ciencia, entendida en su concepción tradicional, no puede entenderse cabalmente a sí misma, no dispone de ningún método para conocerse y pensarse a sí misma. El método científico no nos puede ayudar a entender plenamente el proceso investigativo humano. En efecto, para que la ciencia pueda entenderse a sí misma, tendría que ponerse también como objeto de investigación, debería auto-objetivarse. Pero la vuelta reflexiva del sujeto científico sobre sí mismo es científicamente imposible, porque el método científico se ha fundado en la disyunción del sujeto y del objeto. La pregunta “¿qué es la ciencia?” no puede tener una respuesta científica (Morin, 1984).

Comprender cabalmente a la ciencia es comprender su origen, sus posibilidades, su significación para la vida humana, es decir, entenderla como un fenómeno humano particular. Pero la objetividad del método científico requiere que la ciencia trascienda lo particular del objeto y lo subsuma bajo alguna ley general. Desde Aristóteles, la episteme, es decir, el conocimiento científico, es conocimiento de lo universal, de lo que existe invariablemente y toma la forma de la demostración científica.

Por ello, la ciencia resulta incapaz de entenderse a sí misma, aunque puede ayudar en la comprensión de ese proceso. Su mismo método se lo impide. Ello exige el recurso a la metaciencia. Pero la metaciencia no es ciencia, como la metafísica no es física.

De esta forma, la ciencia no puede responder por la solidez de sus propios fundamentos, y, en consecuencia, tampoco puede garantizar la validez última de sus conclusiones y hallazgos, sin recurrir a la metaciencia o filosofía de la ciencia para justificar sus bases y aclarar el significado de las mismas, ya que lo más oscuro de toda ciencia es siempre su base. De hecho, la ciencia tiene una imposibilidad lógica para establecer y asentarse en una base netamente empírica. De ello se sigue que la ciencia debe complementarse con la clase de entendimiento que tratan de adquirir las ciencias humanas. Querámoslo o no, si deseamos ir al fondo de las cosas, tenemos que hacer filosofía; y, aunque no queramos hacerla, la vamos a hacer igualmente, pero entonces la haremos mal.

Si la ciencia no puede dar la base firme y sólida, la roca inconmovible, el punto de apoyo de nuestro conocimiento, si debemos buscarlo en la filosofía, en general, y en la filosofía de la ciencia, en particular, conviene patentizar con qué problemas nos vamos a encontrar aquí.

Descartes se enfrentó con este mismo problema de los fundamentos en sus Meditaciones. Su búsqueda no tiende sólo a solucionar unos problemas metafísicos y epistemológicos. Es la búsqueda de un fundamento, de un punto arquimédico, de una roca estable que dé seguridad a la vida y elimine las vicisitudes que continuamente la amenazan; se trata de evitar el escepticismo radical, el miedo a la locura y al caos, donde nada es fijo, donde no podemos tocar fondo ni subir a la superficie.

Esta vivencia ha llevado a muchos pensadores, después de Descartes, a sostener un “objetivismo” a toda costa. Piensan que hay, o que debe haber, una matriz o marco de referencia permanente y ahistórico, al cual podamos apelar en la determinación de la naturaleza de la racionalidad del conocimiento, de la verdad, de la realidad, de lo bueno o de lo correcto.

Por otro lado, muchos otros autores, aun aceptando la lógica del objetivismo, expresan la convicción de que, cuando examinamos los conceptos fundamentales —como racionalidad, verdad, realidad, bondad, ética, rectitud, estética, etc.—, somos forzados a reconocer que, en último análisis, todos estos conceptos deben ser entendidos como relativos a un esquema conceptual específico, a un marco teórico, a un paradigma, a una forma de vida, a una sociedad, a una cultura.

Desde Platón, los objetivistas han señalado que el relativismo, cuando se formula en forma clara y explícita, es inconsistente y paradójico. En efecto, el relativista, implícita o explícitamente, proclama que su posición es verdadera y cierta en forma absoluta, es decir, que no es relativa. No se puede sostener lógicamente el relativismo sin minarlo.

Muchos debates contemporáneos son aún enfocados y estructurados bajo uno de estos dos extremos tradicionales. Hay aún una creencia muy generalizada que sostiene que, en último análisis, las únicas alternativas viables abiertas ante nosotros son dos: una forma de objetivismo y fundacionalismo del conocimiento, ciencia, filosofía y lenguaje, o un ineludible relativismo, escepticismo, historicismo y nihilismo.

Sin embargo, también aquí, como en muchos otros campos del saber teórico y práctico, parece que se abre una salida honrosa. No puede estar totalmente equivocado el “objetivismo”, pues se apoya en la naturaleza más profunda de nuestro proceso de conocer; pero esto no indica que esté totalmente en lo cierto. Tampoco podemos descartar totalmente la relatividad de nuestra teoría de la racionalidad: es evidente que está ligada, por lo menos parcialmente, al decurso histórico de nuestra evolución cultural.

Como sucedió en la física, y ha sucedido en muchas otras disciplinas, cuando dos posturas teóricas parecen oponerse antagónicamente y muestran, por otro lado, clara evidencia de la solidez de sus conceptos básicos, la solución ha estado en un análisis más profundo de la incapacidad de nuestra mente para adoptar dos enfoques al mismo tiempo, enfoques que se demuestran más tarde ser complementarios.

El espíritu de nuestro tiempo está ya impulsándonos a ir más allá del simple objetivismo y relativismo. Una nueva sensibilidad y universalidad del discurso, una nueva racionalidad, está emergiendo y tiende a integrar dialécticamente las dimensiones empíricas, interpretativas y críticas de una orientación teorética que se dirige hacia la actividad práctica, una orientación que tiende a integrar el “pensamiento calculante” y el “pensamiento reflexivo” de que habla Heidegger, un proceso dia-lógico en el sentido de que sería el fruto de la simbiosis de dos lógicas, una “digital” y la otra “analógica” (Morin, 1984).

El paradigma vigente —señala Fritjof Capra— ha dominado nuestra cultura durante varios siglos, ha ido formando la sociedad occidental moderna y ha influido significativamente en el resto del mundo. Este paradigma consiste, entre otras cosas, en la visión del universo como si fuese un sistema mecánico compuesto de bloques elementales; la visión del cuerpo humano como si fuese una máquina; la visión de la vida social como si tuviese que ser forzosamente una lucha competitiva por la existencia; la creencia en el progreso material ilimitado, que debe alcanzarse mediante el crecimiento económico y tecnológico; y la creencia de que el sometimiento de la mujer al hombre es consecuencia de una ley básica de la naturaleza. En los últimos decenios, todas estas suposiciones se han visto severamente puestas en tela de juicio y necesitadas de una revisión radical (en: Pigem, 1991, p. 28).

Esta orientación no enfatiza tanto la validez o falibilidad de nuestras razones y argumentos a favor o en contra de una determinada posición, cuanto la importancia que tiene el hecho de que nuestra racionalidad puede cambiar debido al proceso auto-correctivo que la constituye como tal.

Pero el mundo en que hoy vivimos se caracteriza por sus interconexiones a un nivel global en el que los fenómenos físicos, biológicos, psicológicos, sociales y ambientales, son todos recíprocamente interdependientes. Para describir este mundo de manera adecuada necesitamos una perspectiva más amplia, holista y ecológica que no nos pueden ofrecer las concepciones reduccionistas del mundo ni las diferentes disciplinas aisladamente; necesitamos una nueva visión de la realidad, un nuevo “paradigma”, es decir, una transformación fundamental de nuestro modo de pensar, de nuestro modo de percibir y de nuestro modo de valorar.

Un nuevo paradigma instituye las relaciones primordiales que constituyen los supuestos básicos, determinan los conceptos fundamentales, rigen los discursos y las teorías. De aquí nace la intraducibilidad y la incomunicabilidad de los diferentes paradigmas y las dificultades de comprensión entre dos personas ubicadas en paradigmas alternos.

Por otro lado, es evidente que el saber básico adquirido por el hombre, es decir, el cuerpo de conocimientos humanos que se apoyan en una base sólida, por ser las conclusiones de una observación sistemática y seguir un razonamiento consistente, —cualesquiera que sean las vías por las cuales se lograron— debieran poderse integrar en un todo coherente y lógico y en un paradigma universal o teoría global de la racionalidad. “La aspiración propia de un metafísico —dice Popper— es reunir todos los aspectos verdaderos del mundo (y no solamente los científicos) en una imagen unificadora que le ilumine a él y a los demás y que pueda un día convertirse en parte de una imagen aún más amplia, una imagen mejor, más verdadera” (1985, p. 222).

Pero un paradigma de tal naturaleza no podría limitarse a los conocimientos que se logran por deducción (conclusiones derivadas de premisas, postulados, principios básicos, etc.) o por inducción (generalizaciones o inferencias de casos particulares), sino que se apoyaría en una idea matriz: la coherencia lógica y sistémica de un todo integrado, similar a la coherencia que tienen todas las partes de una antigua ciudad enterrada, que se va descubriendo poco a poco. Esa coherencia estructural, sistémica, se bastaría a sí misma como principio de inteligibilidad.

Así, la epistemología emergente no postularía un punto arquimédico del conocimiento sobre el cual descansar, y del cual se deducirían jerárquicamente todos los demás conocimientos. Esto sería sólo algo similar a una revolución copernicana: pasar de un geocentrismo a un heliocentrismo. Más bien, estaríamos aquí siguiendo el esquema astronómico de Hubble, quien demostró que el universo carecía de un centro. En consecuencia, cada sistema subsistiría gracias a su coherencia interna. De igual forma, un cuerpo de conocimientos gozaría de solidez y firmeza, no por apoyarse en un pilar central, sino porque ellos forman un entramado coherente y lógico que se autosustenta por su gran sentido o significado.

En fin de cuentas, eso es lo que somos también cada uno de nosotros mismos: un “todo físico-químico-biológico-psicológico-social-cultural” que funciona maravillosamente y que constituye nuestra vida y nuestro ser. Por esto, el ser humano es la estructura dinámica o sistema integrado más complejo de todo cuanto existe en el universo. Y, en general, los científicos profundamente reflexivos, ya sean biólogos, neurólogos, antropólogos o sociólogos, como también los físicos y matemáticos, todos, tratan de superar, implícita o explícitamente, la visión reduccionista y mecanicista del viejo paradigma newtoniano-cartesiano y de desarrollar este nuevo paradigma, que emerge, así, en sus diferentes disciplinas con una exigencia integradora y con un enfoque netamente interdisciplinario. Como dice Beynam (1978), “actualmente vivimos un cambio de paradigma en la ciencia, tal vez el cambio más grande que se ha efectuado hasta la fecha… y que tiene la ventaja adicional de derivarse de la vanguardia de la física contemporánea”. Está emergiendo un nuevo paradigma que afecta a todas las áreas del conocimiento. La nueva ciencia no rechaza las aportaciones de Galileo, Descartes o Newton, sino que las integra en un contexto mucho más amplio y con mayor sentido.

En consonancia con todo lo dicho, esta obra trata de un paradigma universal, de un metasistema de referencia cuyo objetivo es guiar la interpretación de las interpretaciones y la explicación de las explicaciones. Por lo tanto, sus “postulados” o principios básicos de apoyo serán amplios; no pueden ser específicos, como cuando se trata de un paradigma particular en un área específica del saber. Todo ello le da a la obra un enfoque básicamente gnoseológico, es decir, que trata de analizar y evaluar la solidez de las reglas que sigue nuestro propio pensamiento, aunque, en muchos puntos, la actividad gnoseológica no puede desligarse del análisis de la naturaleza de las realidades en cuestión.

La Philosophia perennis (es decir, las grandes tradiciones filosóficas y espirituales, ya sean de Occidente como de Oriente) presenta la naturaleza de la realidad como una jerarquía de niveles que va desde las esferas más bajas, densas y fragmentarias hasta las más altas, sutiles y unitarias. Básicamente, se darían al menos tres niveles esencialmente diferentes: el nivel 1, de las realidades fisicoquímicas que constituye el cosmos material de las cosas inertes y posee el más bajo nivel de organización; el nivel 2 sería la esfera de la biología o estudio de los procesos vivos, y el nivel 3, que incluiría todas las actividades del intelecto, de la mente, del pensamiento operativo, es decir, la acción propia del espíritu humano.

La naturaleza propia de los niveles superiores trasciende e incluye a los niveles inferiores, pero no viceversa: así, todo lo del mundo mineral está en la planta, pero no al revés, como todo lo del reptil está en el hombre, pero no lo contrario. Hay, pues, una jerarquía de niveles.

Como cada nivel superior está constituido por características, propiedades y atributos definidores, propios de cada uno, nunca se podrá explicar en términos del nivel inferior: las fuerzas físicas, por ejemplo, no serán suficientes para explicar la fuerza que mueve la economía o los impulsos sexuales o la que mueve a la gente a suicidarse; los componentes químicos de la pintura nunca explicarán la expresión de la Monna Lisa, ni los componentes físicos de la obra el significado de Hamlet. Como decía Whitehead, si se quieren conocer los principios básicos de la existencia, hay que utilizar lo superior para iluminar lo inferior, y no al revés, como hace la reflexión reduccionista corriente.

La ciencia tradicional ha prestado, sin duda alguna, muchos servicios al hombre: le ha ayudado a superar mucha pobreza, enfermedades, trabajo deshumanizante y, en general, a alargar su vida. Pero el querer llevar el método científico a todos los campos, ha hecho que, hablando de refracción de ondas luminosas, pigmentación y colores espectrales, la ciencia haya anulado las puestas de sol, los paisajes y los arco-iris; que, tratando de ser científicos, los estructuralistas hayan desfigurado la prosa y la poesía; que, analizando computacionalmente el Nuevo Testamento, los estudiosos bíblicos destruyan la fe y la conciencia religiosa.

Por esto, Bertrand Russell dice que “la ciencia, como persecución de la verdad, será igual, pero no superior al arte” (1975, p. 8). Asimismo, Goethe dice que “el arte es la manifestación de las leyes secretas de la naturaleza”. Y para eminentes físicos, como el Premio Nobel Paul Dirac, la belleza de una teoría determinaba si ésta sería aceptada o no, aun contra todas las pruebas experimentales existentes hasta el momento; es más, Dirac “sostenía que cualquiera que tuviera algún juicio debería rechazar los experimentos y considerarlos incorrectos si iban contra la belleza de una teoría fundamental como la teoría especial de la relatividad. Y, en efecto, así quedó probado después de haberse afinado los experimentos” (Salam, 1991, p. 94-5). Estas posiciones llevan a Polanyi a afirmar que en la física “está llegando a ser casi un lugar común, que la belleza de una teoría física es frecuentemente una pista más importante hacia su verdad que su correspondencia con los hechos, los cuales pueden constituir una dificultad temporal” (en: Martínez, 1982, p. 96). Esto es debido a que con el arte no sólo expresamos las formas de las realidades que pueblan nuestro mundo, sino que también las simbolizamos con altos grados de abstracción: el arte trata de conocer y expresar lo universal. Por ello, es muy probable que la nueva síntesis del conocimiento que buscamos sea una integración potencial de ciencia, filosofía y arte, como áreas complementarias, al estilo de lo que ocurrió durante el Renacimiento Italiano.

Es de esperar que el nuevo paradigma emergente sea el que nos permita superar el realismo ingenuo, salir de la asfixia reduccionista y entrar en la lógica de una coherencia integral, sistémica y ecológica, es decir, entrar en una ciencia más universal e integradora, en una ciencia verdaderamente interdisciplinaria.

El modelo de ciencia que se originó después del Renacimiento sirvió de base para el avance científico y tecnológico de los siglos posteriores. Sin embargo, la explosión de los conocimientos, de las disciplinas, de las especialidades y de los enfoques que se ha dado en el siglo XX y la reflexión epistemológica encuentran ese modelo tradicional de ciencia no sólo insuficiente, sino, sobre todo, inhibidor de lo que podría ser un verdadero progreso, tanto particular como integrado, de las diferentes áreas del saber.

Por lo tanto, cada disciplina deberá hacer una revisión, una reformulación o una redefinición de sus propias estructuras lógicas individuales, que fueron establecidas aislada e independientemente del sistema total con que interactúan, ya que sus conclusiones, en la medida en que hayan cortado los lazos de interconexión con el sistema global de que forman parte, serán parcial o totalmente inconsistentes.

Las diferentes disciplinas deberán buscar y seguir los principios de inteligibilidad que se derivan de una racionalidad más respetuosa de los diversos aspectos del pensamiento, una racionalidad múltiple que, a su vez, es engendrada por un paradigma de la complejidad.

Estamos poco habituados todavía al pensamiento “sistémico-ecológico”. El pensar con esta categoría básica, cambia en gran medida nuestra apreciación y conceptualización de la realidad. Nuestra mente no sigue sólo una vía causal, lineal, unidireccional, sino, también, y, a veces, sobre todo, un enfoque modular, estructural, dialéctico, gestáltico, interdisciplinario, donde todo afecta e interactúa con todo, donde cada elemento no sólo se define por lo que es o representa en sí mismo, sino, y especialmente, por su red de relaciones con todos los demás.

Evidentemente, estos cambios en los supuestos básicos, filosóficos y metodológicos, de las ciencias, guiarán inevitablemente hacia otros cambios en las ciencias mismas: cambios en los diferentes problemas dignos de investigar, en la formulación de hipótesis de naturaleza diferente y en la metodología y técnicas a utilizar.

Miguel Martínez Miguelez


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Evolución del Conocimiento

escrito el 18 de septiembre de 2011 por en U.1 Antecedentes del Conocimiento Científico

Observa el siguiente video

La Evolución del Conocimiento


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Paradigma del Cuidado

escrito el 3 de julio de 2011 por en U.3 Paradigmas

Bernardo Toro (Colombia) Asesor de la Presidencia de Fundación AVINA. Por su parte, comentó que es preciso generar unBernardo Toro Congreso UNIAPAC 2009 nuevo orden ético. “Sin embargo —comentó—, a pesar de todos los esfuerzos, surge una paradoja: hacemos todo para desaparecer como especie (calentamiento global, uso del agua, energía, alimentos, espacio exterior). Nosotros no somos importantes para el planeta. El planeta es importante para nosotros. Y para contrastar, continuando con la paradoja: hoy, más que nunca, hemos creado infinidad de oportunidades de relaciones y de encuentro con nuestra especie, con nuestros congéneres: Internet, teléfonos móviles, turismo masivo, vida urbana, Facebook, Wikipedia, YouTube, Twitter, etc.

“El nuevo orden ético —dijo— debe ser el nuevo paradigma de la civilización. El cuidado es importante; de lo contrario, el riesgo es que todo termine. El cuidado, por tanto, no es una opción. Saber cuidar representa una situación ganar-ganar. Saber conversar, recuperar el respeto, recuperar la hospitalidad. Cuando cuidamos amamos y cuando amamos cuidamos. Hay que saber cuidar. El cuidado debe abarcar a uno mismo, a los demás, al intelecto, a los extraños y, por supuesto, al planeta”, concluyó.

A continuación, enumeró el contenido de cada uno de los ámbitos del cuidado que mencionó: por ejemplo, el cuidado de sí mismo tiene su reflejo en el cuerpo y en el espíritu. Significa autoconocimiento, autoestima, autorregulación, sentimientos afectivos, aprender a hacer proyectos de vida… En relación con el cuidado a los cercanos se encuentra principalmente la familia, el saber mantener relaciones estables de pareja, el saber hacer y conservar a los amigos…

Memorias UNIAPAC 09Con relación al cuidado de los lejanos, Bernardo Toro mencionó la necesidad de crear y cuidar redes de apoyo social y profesional, así como pertenecer a organizaciones de diversa índole. En relación con el cuidado de los extraños, mencionó a los que conocemos, así como al cuidado de establecer y fortalecer la producción de los bienes públicos. La abundancia de bienes públicos hace posible la equidad y protege a los otros (solidaridad). Esto incluye, también, la participación política y el espacio de la vida pública. En lo relativo al cuidado del planeta, estarían la austeridad, el reciclamiento de materiales, la preservación ecológica, el cuidado del medio ambiente.

En relación con el cuidado del intelecto, Bernardo Toro mencionó que la inteligencia se conceptúa hoy como un ‘instrumento guerrero’, que sirve para destruir, desplazar, apabullar, aplastar. Las preguntas esenciales, “¿Quién soy yo?”, “¿Quién me acompaña?”, “¿Qué es mi tiempo?” Deben tener una prioridad fundamental. Y el “saber pedir ayuda” implica un alto nivel intelectual. Es preciso siempre tener presente a quién puede ayudar y a quién sirve lo que cada uno sabe.

Para finalizar, comentó: “Sólo las transacciones generan valor y riqueza. Sin embargo, parece que entre más riqueza se logra, mayor es la inequidad asociada. Nuestro cerebro está orientado a las transacciones ganar-perder. El reto es generar transacciones ganar-ganar. Aunado a la transparencia pública, hay que fomentar el consumo consciente. Sólo así se puede resolver el problema del mundo”.

TEDxAmazônia – Apresentação Bernardo Toro

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También puedes ver este video que te ayudará a comprender mejor la presentación anterior:


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Ecología Profunda

escrito el 2 de julio de 2011 por en U.3 Paradigmas

Fritjof Capra


Los movimientos ambientales modernos incluyen una diversidad de filosofías   ambientales. Unos tienen en la actualidad mayor influencia donde otros recién están en sus infancias:

Los conservacionistas, una de las filosofías antiguas de los movimientos ambientales. El ambiente y la naturaleza debe ser usado y protegido al mismo tiempo. Por lo tanto está basado en una visión antropocentrista y la naturaleza no tiene derechos más allá de que sirve los intereses de los seres humanos. Ideólogo: Pinchot, Gifford.

Los preservacionistas, de los 1800’s. La naturaleza está para ser disfrutado y debe por lo tanto ser preservado y protegido para nuestro agrado futuro. Nuevamente se basa en premisas antropocéntricas, su utilidad es sólo como beneficio para el ser humano, aunque con fines más benignos.

Ecología social y Ecofeminismo, ambos sólo recientemente definidos y no han resultado aún en instituciones sin fines de lucro. En cambio han pasado a formar parte de otros movimientos ambientales. Le colocan gran valor al ser humano y su existencia pero reconocen la característica única de la naturaleza. Solucionarían los conflictos ambientales solucionando los conflictos en las relaciones humanas.

Ecología superficial o reformista, la lucha contra la contaminación y la disminución o desaparición de recursos, pues se tiene como objetivo central proteger la salud y las condiciones de vida de los habitantes de los países desarrollados.

La Ecología Profunda

Establecida por Arne Naess, como término y sin intenciones de que se transformara en una ideología de tan largo alcance. No planteó algo realmente nuevo simo que genera una visión integrada de varios conceptos. Se establecen fundamentaciones basales, según Naess:

  • 1. El rechazo de que el ser humano es sólo un organismo en el ambiente, sino establecer la imagen de relación total integrada.2. La igualdad Biocéntrica, todas las cosas naturales, los ecosistemas, la vida, los paisajes, los suelos, montañas, etc., todos tienen un derecho intrínseco a existir. La presencia de valor es independiente a cualquier conciencia, interés o apreciación de un ser consciente.3. La autorealización y la diversidad de formas, sean organismos, comunidades, ecosistemas, paisajes, etc, o en el ámbito humano: los derechos humanos, formas de vida, culturas, igualdad de los sexos, lucha contra invasión y dominaciones de tipo cultural, económicas y militares, etc.

    Según Bill Devall, existen dos grandes líneas de ambientalismo en la actualidad:

    Los ambientalistas reformistas, que buscan controlar lo peor de la contaminación aérea, acuática y los usos ineficientes de suelos en los países industrializados y salvar algunos pedazos que quedan de naturaleza como “áreas designadas naturales”.

    Aquí tienen el libro para su lectura y consideración: La Trama de la Vida Fritjof Capra

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    La Trama de la Vida. from La trama de la Vida on Vimeo.

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    PARA PENSAR: El Viaje del Héroe

    escrito el 2 de julio de 2011 por en U.2 Cambio de Mirada

    El Viaje del Héroe

    Comienza con la “tierra baldía” de una vida carente de autenticidad.

    Los viejos conceptos, ideales y pautas emocionales ya no encajan; se acerca el momento de traspasar el umbral.

    La llamada a la aventura se presenta de muchas maneras a lo largo de los años, tanto sutiles como explícitas.

    Es una llamada al servicio, a entregar nuestra vida a algo más grande que nosotros mismos, la llamada a convertirnos en lo que estamos llamados a ser, la llamada a realizar nuestro “designio vital”.

    Algunos de los llamados a la aventura eligen ir.

    Otros pueden estar luchando durante años con el miedo y la negación antes de poder trascenderlos.

    Tendemos a negar nuestro destino por nuestra inseguridad, por nuestro miedo al ostracismo, por nuestra ansiedad y falta de coraje para arriesgar lo que poseemos.

    En el fondo, sabemos que cooperar con el destino aporta un gran poder personal y responsabilidad.

    Si nos implicamos en nuestro destino, nos abrimos al designio del universo, que se expresa a través de nuestro designio personal.

    Si nos negamos, continuamos sintiéndonos inquietos.

    Después, como surgida de la nada, se presenta la guía: algo o alguien que nos ayuda a traspasar el umbral de la aventura.

    Puede tomar la forma de voces dentro de las personas o de personas que nos guían y nos permiten ver el camino.

    Cuando decimos sí a la llamada, traspasamos el umbral. Sobre ese momento de decisión, Buber dice: “E incluso esto no es lo que ‘deberíamos hacer’, más bien no podemos hacer otra cosa”.

    En ese punto, nuestra libertad y el destino se funden. “Aquí estoy. No puedo hacer otra cosa”, dijo Martin Lutero.

    Atravesamos las puertas de lo desconocido hacia el vacío, un dominio carente de mapas. Comienza el peligroso viaje y nos encontramos con una serie de pruebas, peripecias y peligros.

    Es un lugar de terror y oportunidad.

    Si estamos verdaderamente comprometidos a seguir nuestro sueño, hay una fuerza más allá de nosotros y de nuestra voluntad consciente que nos ayuda a lo largo del camino y nutre nuestro crecimiento y transformación.

    Unas manos invisibles guían nuestro viaje con una precisión infinitamente mayor de lo que sería posible si sólo interviniera nuestra voluntad consciente.

    Campbell dice que es “la fuerza sobre natural” que ayuda a “los elegidos en medio de sus pruebas más penosas”.

    A lo largo del viaje nos encontraremos inevitablemente con uno o más de estos retos supremos que ponen a prueba nuestro compromiso con el camino que hemos tomado y nos dan la oportunidad de aprender de los errores.

    En los estadios postreros del camino cruzamos un umbral tras otro, soportando la agonía del crecimiento espiritual y rompiendo nuestras limitaciones personales.

    Cuando emergemos del encuentro supremo, ya no somos la misma persona; “tenemos algo más que ha crecido en nosotros”, dice Buber.

    Finalmente, con la misión cumplida, regresamos trayendo el elixir que restaura la sociedad.

    Es difícil dejar atrás la bienaventuranza de las últimas etapas del viaje, un estado de aventura suprema, para volver al lugar largo tiempo olvidado del que partimos, donde personas que son fragmentos de sí mismas imaginan ser totales.

    Al volver, resulta difícil integrar el duro golpe que suponen las preguntas razonables, los resentimientos y la buena gente que no llega a comprender.

    Y regresamos únicamente para preparar el viaje siguiente; pero volvemos como seres nuevos y potentes, preparados para ponernos de nuevo al servicio de la comunidad.

    Joseph Jaworsky


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    Teoria U

    escrito el 2 de julio de 2011 por en U.2 Cambio de Mirada

    La teoria de la “ U “ es una teoría innovadora que se relaciona directamente con el cambio, la transformación y el aprendizaje.

    La Teoría de la U

    La teoria de la “ U “ es una teoría innovadora que se relaciona directamente con el cambio, la transformación y el aprendizaje. Durante más de año y medio y después de muchos años de investigación Otto Scharmer, Peter Senge, Joseph Jaworski y Betty Sue Flowers pioneros en el aprendizaje organizacional y autores de esta teoría llevaron a cabo un amplio rango de conversaciones explorando la naturaleza del cambio y la transformación de la realidad.

    Los autores encontraron que la mayoría de las personas se enganchan en patrones del pasado con respecto a cómo observar y actuar.

    El proceso de la U es una metodología que trabaja con retos complejos, resuelve problemas difíciles y hace visble una amplia gama de oportunidades. La forma de la U nos ayuda a identificar las diferentes fases teniendo el comienzo por la parte superior izquierda bajando al fondo de la U para después subir al lado superior derecho.

    Dentro de este proceso el colectivo recorre una trayectoria en forma de U, donde comienza en suspender los pensamientos que generalmente accesaba de experiencias o formas de pensar pasadas y de ahí en adelante sigue pasos muy puntuales de colaboración como Co-Sensibilizar, Co-Presenciar y Co-Realizar. De esta forma sabemos que los resultados vienen de una situación actual e incluso del mayor potencial futuro de la organización. Estamos Co-Creando una realidad.

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    Einstein

    escrito el 2 de julio de 2011 por en U.2 Cambio de Mirada

    Einstein

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    Aprender a Pensar